Tias buenas en vivo:

Despedida con mucha leche - Tias Buenas Desnudas

... Marce quedó reventada y gozosa, se echó como dos y le regalaron tres, según dijo. Sandra se unió al grupo sentada entre ambos. Con la erección a pleno, aproveché que Marce seguía “rezando”, me coloqué detrás de ella, sin darle tiempo a salirse de la pose. Los dedos llenos de crema que la argolla escurría, le unté el esfínter anal y se la apoyé, quiso salirse, la retuve apretando con el cuerpo, Sandra ayudó instándola a dejarse hacer ...

Pretendo hacer partícipe a los lectores de los hechos que me tocó en suerte vivir hace menos de un mes, recuerdo fresquito del delicioso sexo en grupo, fantaseado alguna vez, de golpe la cosa pintó y ahí estuve como agradecido protagonista.

En ocasión de la despedida de soltera de Mabel, sus íntimas, organizaron en una cantina de la zona del Abasto, el tradicional agasajo, viejos y consabidos chascos, aburridos diálogos y chismerío de los compañeros de oficina, una pesada tarea aguantarlos también a que, como siempre, pero todo sea por agasajar a Mabelita, y despedirla del mejor modo de la vida célibe y libertina.

Nosotros fuimos de los primeros en despedirse, nos acomodamos en mi auto. Rubén compañero de oficina, Dany el cadete, Marce una linda rubiecita de contaduría y Sandra, la tetona de recepción, esta y mi compañero, los casados del grupo. La noche es joven, se me ocurrió invitarlos a pasar por casa y tomarnos unos tragos antes de devolverlos a sus hogares.

-¿Que les parece, o hay algo mejor? -¡Vamos! - contestó el dúo Dany-Marce.

Rubén encogido de hombros dijo: - Lo que decidan está bien para mí.

-Vamos, mi marido no está en casa. -decía Sandra, sumándose a la mayoría.

Nos acomodamos, algunos sin calzado, otros sin camisa, busco las bebidas, las damas buscan un CD con música de un conjunto flamenco. Danza a pleno, vodka para todos, ellas con naranja, mucho hielo, el ambiente entonado, permisivo e insinuante, los juegos más y más osados. Más licor menos recato, el juego de la botellita era la excusa justa, Sandra subió la apuesta y propuso el juego del cubo de hielo, si no lo conocen se los explico, se toma un cubo de hielo y se lo va pasando de boca a boca, es la excusa propicia para besare y/o darse un chupón de esos atroces, besos profundos que nos ponen piel a piel.

Dany, más joven y lanzado, propuso jugar a las prendas, el que pierde debe sacarse una ropita. El vodka hacía efecto, en poco tiempo los machos en slip o bóxer y las chicas en tanga. Se nos van las manos para tocarles las tetas, las mías en Sandra, con treinta y cinco las tiene como para revivir a un muerto, las de Marce poco más pequeñas y paraditas incitan a la mamada salvaje.

Mamo a Sandra a ritmo de deseo, Marce la imita flanqueada por dos glotones, uno de cada pezón.

- Apago la luz, cuento cinco y cuando encienda todos en bolas, ¡ya! -accioné la llave.

Silencio, conté hasta… cinco en voz alta, encendí la luz. Qué espectáculo!, las dos mujeres en total desnudez, mostrando el sexo, a cual mejor, buenas formas, el nidito de Marce tenía pendejos de color castaño oscuro y abultado el papo, Sandra vello más largo y negro, labios brillando, juntaba las piernas para ocultarlo un poco más; los culos de primera, más paradito el de Marce, como manzanita Sandra.

De nosotros no había mucho por decir, todos excitados, de tamaños respetables, la mía un poco más gruesa, Dany más larga y fina.

- ¡A jugar! -se oyó decir.

Quedamos tal cual, yo con Sandra, ellos dos con Marce. De besos y chupones a mamarnos, mientras le comía las tetas a mi compañera, de reojo vi como el pendejo la está puerteando, mientras Rubén se hace mamar la verga. Con Sandra fuimos al dormitorio, el trío quedó en lo suyo. Hicimos un 69 bárbaro, Sandra llegó por dos veces a un orgasmo ruidoso. Dany se asomó a la puerta a ver por qué gritaba tanto. Terminado el segundo, cambiamos, boca abajo para hacerla desde atrás por la concha, le entró como por un tobogán hasta el fondo, gritaba todo el tiempo, me dejó acabar adentro, conseguí que hiciera el tercero con la leche saliendo en ella.

Cuando pasé para el baño los dos la estaban dando buena cuenta de Marce, desde atrás por la concha se la metía Rubén mientras Dany se hacía mamar. Cuando salía, Rubén le estaba acabando dentro de la argolla y el pendejo por la boca, con el zarandeo se le escurría un poco de leche por la comisura del labio. Cuando Rubén salió ella quedó sobre el sillón de bruces, arrodillada en la alfombra, relamiéndose el semen. Dany, se la clavó en la concha y empezó a darle y darle, como si recién empezara.

Qué gloria tener dieciocho abriles! El muchacho le estaba haciendo sentir el largo del aparato, sin darle tiempo le mandó otra acabada, salió de ella y se dejó caer al lado de Rubén, derrumbado en el sillón de enfrente.

Marce quedó reventada y gozosa, se echó como dos y le regalaron tres, según dijo. Sandra se unió al grupo sentada entre ambos. Con la erección a pleno, aproveché que Marce seguía “rezando”, me coloqué detrás de ella, sin darle tiempo a salirse de la pose. Los dedos llenos de crema que la argolla escurría, le unté el esfínter anal y se la apoyé, quiso salirse, la retuve apretando con el cuerpo, Sandra ayudó instándola a dejarse hacer.

Más relajada y sometida se dejó, con todo adentro empezó el baile. Dany se mueve dentro de Sandra, Rubén colabora ayuda a Marce, frota el clítoris, para que no grite por tanto por que le que estoy abriendo el culo. Acabé con ganas dentro de Marce, lo disfruté, ella no tanto, cuando se levantó aún lo tenía abierto, necesitó una sesión prolongada de agua tibia para calmar el efecto de la cogida.

- ¡Por atrás no me hacés más!, tan gorda, me reventó - decía, sentada sobre la lluvia del sanitario, mientras me la higienizaba y le hacía mimos. La reprimenda no me convenció demasiado más bien parecía una auto justificación.

La besé, agradecido por el elogio y volví con los otros. Otra vez dos contra una, Sandra arriba de Rubén ensartada a tope y Dany metiendo su larga tripa en el culito. Espectador del nuevo trío, me mira de costado e invita a ocupar el lugar del cadete porque él termina antes que Rubén.

El alcohol y la escena nos pusieron locos a todos, creo que ninguno hizo tantos en tan poco tiempo, yo al menos no. El cadete era una máquina de expulsar leche, termina pronto, me cede el lugar en el culo abierto, con la pija ensalivada en la boca de Sandra entré todo, casi de un envión, soportó el cambio de monta.

Nunca sentí el contacto de otra pija moviéndose en la vagina, es glorioso, como más capacidad de movimiento pude terminar adentro, sentí a Rubén hacer lo propio dentro de la concha, acabada intensa también. Quedó aliviada, no pensó que fuera tan fuerte aguantar dos juntas, pero quería probar todo. La cosa siguió un tiempo más, quedamos todos extenuados.

Rubén llevó a Sandra hasta la casa. Los tres quedamos tendidos en la cama, libres de ropas y agotado el deseo.

Desperté, Marce a mi izquierda, en el medio, boca abajo. Acaricio la espalda suave, la cola, las cachas, movimiento reflejo y sensual, sigo, el reflejo también, abro los cachetes, froto los labios, mojados, con el dedo, con la boca ensalivo justo en el hoyo, juego con el hasta entrar suave, el sueño erótico ayuda. Me acomodo con el miembro, listo, lleno de saliva la cabezota, apoyo contra ella, cuando despierta y quiere moverse estoy encima con el cuerpo y dentro con la verga.

- ¿Despacito, siiii? - resignada súplica.

Moviendo despacio, profundo, el polvo mañanero no se prolonga demasiado, estamos cerca, el vecino comienza a despertar, nos sacudimos en una acabada casi a dúo, mira admirando a Marce por lo que se comió.

- ¿No dijiste que nunca más? -irónico y burlón, se la sacude avisando quien será el próximo intruso en ella. - Y… viste, una propone y este atrevido, dormida te pone. -mueca mitad sonrisa, mitad dolorcito.

- ¡Ahora es su turno! -el cadete no se hace repetir el pedido, se la manda con todo. Mientras me lavo los escucho coger, creo que antes de volver a la escena la testosterona de Rubén le había ganado tres a dos a Marce que yacía despatarrada en la cama. Vestidos un restaurador café nos reúne, antes de despedirnos, Marce, en agradecimiento me abre el bóxer y se llevó un buche de leche de mi producción mañanera.

El lunes nos vimos como es habitual, un día más, como tantos, lo pasado es ayer, hoy es otro día.

Ha pasado una semana, hasta el día de hoy no se habló del asunto, como si nunca hubiera existido, pero cuando me cruzo con Sandra y sobre todo con Marce, hay algo distinto, destellos en sus miradas y la sonrisa es otra, la noto de otro modo, con otra presencia, tal vez sea idea mía. El tiempo es sabio.

Todo esto gracias a la despedida de soltera de Mabel, que le agradecemos mucho sus compañeros de oficina.

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