Identidad en penumbras - Tias Buenas Desnudas
... El espectáculo era enloquecedor, desde mí no tenía entre las piernas sino un bestia imaginaria digna de la fantasía más perversa, que se apoderaba de la carne encendida de mis labios y devoraba mi clítoris en succiones hambrientas y primitivas. Quería tenerlo dentro de mí pero no quería que se moviera y mi boca dictó miles de órdenes contradictorias que no lograron otro efecto más que el de hacerlo sonreír ...
Calentamos junto a la chimenea un tinto espeso con pimienta, miel y canela mientras el fuego nos danzaba la luz por el cuerpo. Aún en penumbras, una colección de máscaras artísticas de cuero cautivó mi atención. Eran obras maestras de formas diversas, sugerentes algunas, atemorizantes otras; pero todas fascinantes y expuestas bellamente en dos vitrinas de pared.
Se acercó con mi copa por detrás y me la pasó despacio por la espalda, a través de mi blusa liviana pude sentir el cristal tibio recorriendo mi columna y acariciando mis caderas. Me giré hacia él tome la copa, reserve en mi boca un sorbo de vino caliente y lo derramé entre sus labios con un beso profundo, más caliente que el vino. Él se ahogó en un gemido y yo me desarmé en sus brazos. Su aliento de alcohol y especias, la lentitud caliente de sus manos en mi cuerpo, nuestras bocas devorándose mutuamente, nuestros cuerpos buscando eliminar toda luz entre ellos y mis manos encendidas acariciando su sexo tenso y palpitante hicieron que hasta la misma chimenea se ahogara de fiebre.
Se apartó apenas unos metros y abrió una de las vitrinas. Tomó una máscara roja de líneas estilizadas, femeninas, pero con un toque sombrío, y me la ajustó sobre el rostro. Después él ajusto sobre el suyo una máscara de color ébano con claros rasgos fáunicos y me miró. Recién en ese momento comprendí que, aunque obras de arte, habían sido diseñadas especialmente, permitían las miradas y dejaban la boca al descubierto a pesar de extenderse por ambos lados casi hasta el cuello.
Me sentí sofocada de excitación, no poder reconocerme ni reconocerlo me sumergió entregada en los rincones más profundos de mi lascivia. Su aspecto era sombríamente animal, y aunque no llegaba a producir temor, sí despertaba una inquietante sensación de ser acechada. Volvió a adherirse a mí en un beso ilimitado mientras sus manos me desvestían con destreza experta. Me recostó con suavidad y se deslizó hasta poner mi sexo en su boca carnívora.
El espectáculo era enloquecedor, desde mí no tenía entre las piernas sino un bestia imaginaria digna de la fantasía más perversa, que se apoderaba de la carne encendida de mis labios y devoraba mi clítoris en succiones hambrientas y primitivas. Quería tenerlo dentro de mí pero no quería que se moviera y mi boca dictó miles de órdenes contradictorias que no lograron otro efecto más que el de hacerlo sonreír. Mi propia boca estaba famélica así que me acomodé para quedar entre sus muslos fuertes y enloquecer de placer con su erección poderosa en mi boca y su boca experta mordisqueando mi clítoris y apoderándose de mis orgasmos.
Me devoró a su antojo y después fue por más. Abrió mis piernas en un gesto enérgico y se abandonó a las profundidades de mi cuerpo con una lentitud torturante.
Sostuvo mis caderas con firmeza y no permitió que acelerara el ritmo, entraba y salía despacio, muy despacio, milímetro a milímetro empujando hacia arriba para rozarme por completo enloqueciéndome de deseo, bloqueando mi mente y convirtiéndome en un volcán desbordante. Mis ojos se cerraron y él me pidió que los dejase así, yo estaba a años luz de cualquier “NO” y me quedé en ese mundo caliente y oscuro mientras sentía sus labios exquisitamente suaves jugar con mis pezones erizados.
… No, demasiado suaves… aah! que delicia… aummmm sii, no… no puede ser un hombre; abrí los ojos y me encontré casi cubierta por el cuerpo de junco de una mujer morena.
-Te presento a mi esposa- Su sonrisa era confiada, pero ella me miró con expectación.
Yo no era capaz de pensar y por toda respuesta la acerqué a mi boca y exploré su aliento con mi lengua hasta que conocerle todos los pecados. Besaba y acariciaba con pasión.
Sus ojos a través de la máscara eran profundamente negros y destellaban lujuria mientras observaban como su esposo de hundía dentro de mí. Modelé cada rincón de su piel con mi mano y deje que sus pechos se derramaran sobre mi boca para morder, lamer y succionar a mi antojo. Las penetraciones se hicieron más rápidas y aún más intensas y un grito desgarrador se liberó de la garganta de la bestia quebrando incluso el crepitar del fuego. Tardó segundos en recuperarse y entre ambos nos enredamos en el cuerpo de mujer que se nos ofrecía sediento:
Manos, bocas, dedos, lenguas, dientes, saliva, sexos, esperma, todo se mezclaba hasta fundirse en una escena única caliente, descontrolada, tempestuosa. Cuando ella fue penetrada, mi boca jugó con ambos sexos mientras él saciaba mi vacio con la habilidad sus dedos, y cuando pude tenerla solo para mí la encontré fascinante en cada pliegue de su piel, la sedosa dulzura de su sexo se fijaba en mi boca y me arrancaba suspiros calientes que la hacían arquearse de placer. Fuimos servidas y gozadas generosamente y nuestros orgasmos alimentaron bocas, manos, muslos, pechos hasta quedar agotadas. Juntas tendimos a nuestro fauno sobre la alfombra… nos penetramos con él, nos frotamos contra su boca demandando lengua y saliva, nos apropiamos de sus manos e inventamos destinos para sus dedos calientes y dóciles, y cuando llegó su último orgasmo los compartimos salomónicas bañando nuestras bocas con su semen.
Todo quedo estático, recuperándose del mareo febril con el sonido de fondo de la chimenea. Nuestro perverso maquinador cerró los ojos al sol y ella me ofreció más vino. Lo vertí caliente sobre su pecho y silenciosamente volvimos a empezar.



