Susanita y sus 18 añitos - Tias Buenas Desnudas
... Me fui a la habitación completamente empalmado. No podía olvidar aquella maravillosa visión, esas tetas impresionantes, con unos bellos pezones que se me quedaron clavados en la memoria, y aquel pubis ligeramente rasurado. No aguanté más y me masturbé como un poseso, tan rápido que no tardé en correrme. ...
Mi nombre es Fernando, soy un joven estudiante de 22 años, moreno, tez oscura, alto y de complexión atlética, no me considero especialmente atractivo, pero pienso que no estoy del todo mal. La historia que voy a contar sucedió hace un tiempo.
Soy de Ávila, pero estudio biología en Salamanca, donde comparto piso con otros dos estudiantes, que además son hermanos, Susana y Leo, de un pueblo de Zamora.
Leo tiene 19 años es estudiante de derecho, es un poco pijo, pero en el fondo es buena gente. Su hermana Susana, de 18 años, estudia psicología. Es especialmente atractiva, guapa, rubia, ojos verdes, pechos perfectos, y unas caderas espectaculares; y además es muy agradable como persona. Su único defecto es que tiene un novio, Salva, que es un auténtico gilipollas, un creidillo que además, según me contó ella más tarde, es eyaculador precoz, pero eso ahora no viene al caso.
La historia comienza una tarde de marzo, cuando yo llegaba de clase. Era un miércoles a las 6 y a esa hora mis dos compañeros de piso siempre estaban en clase, por lo que llegué convencido de que no había nadie en el piso. Fui directo al baño, porque tenía ganas de mear, y abrí la puerta de golpe. Cual sería mi sorpresa al ver que Susana estaba allí, completamente desnuda dispuesta a meterse en la ducha. Me quedé completamente paralizado durante unos segundos, hasta que me puse rojo de vergüenza y cerré la puerta de golpe.
Me fui a la habitación completamente empalmado. No podía olvidar aquella maravillosa visión, esas tetas impresionantes, con unos bellos pezones que se me quedaron clavados en la memoria, y aquel pubis ligeramente rasurado. No aguanté más y me masturbé como un poseso, tan rápido que no tardé en correrme.
Más tarde salí al pasillo, donde volví a encontrarla. No sabía que decirle sobre lo acontecido antes, pero a final me decidí:
- Oye… perdona por lo del baño, es que… no pensaba que hubiera nadie. - No pasa nada – me contestó para mi alivio – la culpa fue mía por no cerrar bien, además, tampoco me importa que me hayas visto desnuda, es algo completamente natural. - Ah, ¿no? Entonces, ¿por qué no te desnudas ahora en mi habitación? – no se porqué dije esto, pero al momento pensé que había sido un error, que ella reaccionaría mal, pero me equivoqué.
- No me importa, de veras, pero deberías desnudarte también tú.
Esta última respuesta me dejó completamente perplejo, tardé algunos segundos en reaccionar, pero al final le dije que si, que pasara. Primero se desnudó ella, y pude volver a ver, ahora más de cerca y sin pudor, aquel cuerpo fascinante. Luego me tocó el turno a mí, y fui quitándome la ropa muy lentamente, cuando por fin dejé caer mis calzoncillos, ella sonrió.
- Parece más grande que la de Salva – dijo para mi asombro – pero así no sabría decirte a ciencia cierta. Me gustaría verte excitado a ver como es en todo su esplendor.
Aquello terminó de ponerme a cien, y le dije:
- Deberías ser tú quien me excite, ¿no crees? - Está bien - respondió ella - pero no creas que te la voy a chupar ni nada parecido, si era tu intención.
Ella empezó a besarme el cuello, y a acariciarme la pierna, subiendo con su mano hasta llegar al lado de los huevos, donde comenzó a hacerme caricias con la punta de los dedos, mientras sus labios bajaban hasta mi pecho. En poco tiempo la tenía tan dura que parecía que iba a reventar. Jamás la tuve así de salvaje.
- Es… ¡increíble! – Me dijo sorprendida – algo así no podría caberle a ninguna mujer.
Se agachó para ver de cerca tan magnífico falo y, sin más dilación, la agarré suavemente del pelo, mientras comencé a acercar mi cipote a su boca, hasta que rozó sus labios. Entonces ella se apartó de repente.
- No, Fernando, déjalo, esto ha ido demasiado lejos – me dijo. - Vamos, mujer, ya que hemos llegado hasta aquí, no me dejes con el calentón – además, ese novio tuyo no va a enterarse, te lo aseguro. - No es eso – sentenció ella.
Dicho esto, se incorporó y estaba dispuesta a dar media vuelta cuando la agarré por la cintura. Ella estaba muy nerviosa, le dije que se tranquilizara, que no me la chupara (de momento), pero que se dejara llevar. Entonces fui yo el que se agachó y acerqué mis labios a ese coño perfectamente depilado. Ella al principio se echó para atrás, pero al final cedió y mi lengua acarició finamente su clítoris, para llevarla a un estado de éxtasis que la volvía loca.
- Sigue, por favor, sigue – me gritaba con entusiasmo – lo estoy pasando de vicio.
Yo obedecí gustosamente, me gustaba el tacto y el sabor de su jugoso sexo, y al cabo de poco tiempo ella grito:
- ¡No aguanto más! ¡Házmelo ya mismo, aquí mismo, cabrón!
Entonces dejé de lamer su clítoris, me incorporé y cogí un condón del cajón de la mesita. Me lo puse con mucha prisa y la tumbé sobre la cama, y yo encima de ella besando su cuello y dispuesto a metérsela.
- Hazlo con cuidado – me dijo ella – Tienes una verga tan grande que no se que va a pasar cuando me la metas. - Estate tranquila - le respondí – lo haré con mucho cariño.
Y así fue, al menos al principio, se la metí suavemente y su boca expulsó un dulce gemido, se la empecé a meter y sacar despacito, hasta que, en un momento de excitación, incrementé bruscamente el ritmo. Ella lanzó un grito de placer y al poco tiempo nos habíamos corrido los dos. Fue genial, el mejor polvo que había echado en mi vida hasta ese momento, y ella pensaba lo mismo.
De pronto sentimos como abrían la puerta del piso, apenas nos dio tiempo a vestirnos cuando Leo abrió la puerta de la habitación.
- Susana, mira a quien te he traído.
Y allí estaba Salva, el engendro que Susana tenía por novio. Ella y yo nos miramos sonriendo, al ver a ese paleto que no imaginaba ni de lejos lo que acababa de pasar entre su novia y yo.
Dos días más tarde, volvimos a quedarnos los dos solos en el piso. Yo estaba deseando repetir aquel polvo magnífico, y fui a su habitación buscando la forma de entrarle de nuevo. Estuve charlando con ella un rato hasta que saqué el tema.
- Estuvo bien lo del otro día, ¿verdad? Fue uno de los mejores polvos de mi vida. - Para mí no – me dijo seriamente, y en ese momento no supe que decir, hasta que ella continuó, y empezó a sonreír – para mí fue el mejor con diferencia. Además, Salva nunca me había comido el coño, ni ningún otro tío, hasta ahora, todo el sexo que había tenido eran penetraciones, sin más, y encima el muy capullo siempre se corre antes de que yo haya sentido casi nada, así que hasta ahora mis únicos orgasmos habían sido por masturbaciones. - No jodas – le contesté – así que te he hecho tener tu primer orgasmo en condiciones, pues ya que te comí el conejo de esa manera, podrías estar agradecida, no se si me entiendes. - ¿Quieres que te la chupe? – me dijo con una voz extremadamente sensual.
Yo ya estaba excitadísimo, me bajé los pantalones y los calzoncillos y le dije: “es toda tuya”. Entonces ella me agarró la verga y comenzó a jugar con ella, acariciándome los huevos, y luego, sin dejar de masajeármelos, acercó su boca y pasó la punta de su lengua por la punta de mi pene erecto. La sensación de placer era indescriptible, y se acrecentaba con el morbo de ver a esa bellísima chica rubia meter mi polla en su boca. Empezó a deglutirla poco a poco hasta que se la metió hasta la base del pene, su boca comenzó a subir y bajar cada vez más rápidamente, yo veía que en cualquier momento iba a correrme, así que le dije que quería venirme en su boca, que me daba mucho morbo, y ella siguió en lo suyo hasta que yo eyaculé salvajemente. No desperdició ni una gota.
Desde aquel día nuestros encuentros sexuales fueron algo casi diario. Otro día les contaré como nos pilló su novio, cosa que me resultó realmente divertido, ya verán por qué.
Pueden darme su opinión sobre este relato. Un abrazo a todos mis lectores, y un beso donde más les guste a mis lectoras, si las hay.



