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De nuevo soltera y a punto

"... Bea se gira y se abalanza sobre la enorme polla de Víctor, la coge con sus dos manos y gime de sorpresa. La engulle entera, hasta los huevos, y empieza a moverse sobre ella, dejando caer hilos de babas de su boca, que pronto le humedecen los huevos, las piernas y el asiento… Son las tres treinta de la madrugada y suena el telf. móvil… me despierto… parece que no me había dormido… suena de nuevo y lo cojo extrañado… aún no sé que es lo que pasa y contesto sin mirar… al otro lado se oyen gemidos… …Cómeme las tetas bonita… así… así… y de nuevo gemidos. Reconozco esas voces, me doy cuenta de que no saben que estoy escuchando… mi mujer le estaba comiendo las tetas a Bea, y lo estaba haciendo bien… Las dos se quejaban… ..."

Aquella noche en que nos conocimos, recuerdo que estuvimos hablando en un mesón de esos típicos de toreros, con una ancha barra de madera oscura llenas de pinchos y copas de vino. Apartados de los lugares de ambiente, nada de discos, ni música ensordecedora, sólo queríamos escucharnos con claridad, mirándonos a los ojos y sintiendo en cada momento, como se erizaban los pelos del otro, como cambiaba su respiración o traspiraba de forma distinta la piel de su cara. Era el momento de la terrible atracción en el que se puede decir de todo para impresionarla… para impresionarte…

Hablamos de la infidelidad, del amor, de las parejas, pero siempre acabábamos riendo con la copa entre los labios, saboreando un dulce de Málaga, y un rivera del Duero.

… ¿Tú crees que una pareja se puede permitir el lujo de no perdonarse pequeñas infidelidades? ¿qué se debe uno de concentrar en el pensamiento de un único cuerpo y una única pasión para toda la vida?… ¿Y qué propones?… yo no estaría nunca con nadie que me engañara… la fidelidad es prueba de confianza. —Y la confianza es prueba de cariño… No me importaría, (si fueras mi pareja), que te follaras alguna vez a un pedazo de tío, de esos con los que uno no puede competir… ¿por qué privarte de algo que yo no te podría dar?… sentirte de nuevo atraída, deseada hasta lo más profundo, olvidarte de tu situación por un instante y sentir de nuevo la aventura de una noche loca. … ¿De veras?…

Aquella noche los dos nos mirábamos de una forma diferente… nos deseábamos como nunca… pero no pasó nada, sólo nos bullía por dentro, el pensamiento de que una vida diferente podía estar ofreciéndosenos… y eso nos atrajo hasta el ensimismamiento. Tres años después, vivíamos en la gran ciudad, separados de las amistades que habían envuelto las edades de nuestra soltería. Estábamos solos, locos de amor, desposados, y algo aburridos de follar los fines de semana… Aquello se había convertido en nuestra maravillosa vida de casados.

… Cariño tengo unos días acumulados y me gustaría ir ver a mi madre, he mirado tu cuadrante y creo que coincidimos tres, podrías bajarte a Málaga y recogerme. —Alba… creo que no voy a ir… perderías alguno si te volvieras conmigo y yo puedo adelantar trabajo, vete tú sola y disfruta…

Unos días después hablaba con ella por teléfono… Se la veía más jovial, menos estresada, parecía haber recuperado esa chispa que brillaba en sus ojos, en su sonrisa… estaba de nuevo a solas con sus amigas… en su ambiente, y yo lo sabía.

… Esta noche salgo con Bea, pero debo de ir a recogerla a su casa para que Julio la deje salir y se quede él con los niños. — ¿Vais a salir solas?, aquello era algo normal, eran muy amigas, y aunque el grupo de trabajo era muy numeroso y no era raro que se juntaran cinco o seis amigos, cada vez que Alba iba a Málaga, ellas aprovechaban para verse a solas. …No, creo que va a venir Víctor… (Silencio)…

Víctor era uno de esos amigos que animaban las fiestas, un tío con el que te gusta quedar porque tiene una risa ensordecedora, mueve las manos sin parar y da la impresión de querer algo más que lo que su pareja actual le ofrece.

— Que lo paséis bien, ya te llamaré.

A las once de la noche de aquel viernes, mientras me tomaba una cerveza tumbado en mi sofá, no hacía otra cosa que pensar en cada uno de aquellos comensales tan singulares. Beatriz tenía unos tres o cuatro años más que mi mujer, joven de edad, pero sobre todo de aspecto, a pesar de haber parido en dos ocasiones. Supongo que debido a su extrema delgadez, pero que no reñía esto con tener un par de tetas bien puestas, altas y puntiagudas que dejaba mostrar en corpiños y camisas. En realidad era otro Víctor en femenino, sólo que ella había vivido mucho y casi nada a la vez, debido a su prematuro matrimonio, pero no por eso dejaba de mostrarse lo más moderna y liberal que podía. En una ocasión, mientras iban en el coche hacia una discoteca estos tres amigos, bromeaba Beatriz, con lo dura que debía de tenerla Víctor, al estar acompañado de ellas dos, dos tías de bandera con un hombre, a las tres de la mañana, en un Renault Clío en busca de marcha, cuando lo mejor que podían hacer era hacérselo entre los tres… una historia increíble… una oportunidad entre un millar.

No pasó de ser broma que todos rieron, pero nadie, ni siquiera yo, dejamos de sentir un vacío en la boca del estómago y una ligera sensación de promiscua y húmeda erección, cuando Alba me lo contaba pocos días después.

De hecho, así me encontraba recreándome de mis pensamientos. Había querido el destino que ella no se llevara, por olvido, el cargador del móvil, por lo que habíamos hablado escasos minutos esos días, y no podría comunicarme con ella mucho tiempo cuando la llamara. Sabía que lo que le dijera era fundamental, y dudaba dejarla en una situación que me volvía loco de emoción y de celos…

—Hola… ¿cómo va todo?… ¿te estás divirtiendo? ¿Piensas salir mucho esta noche? …Me lo estoy pasando bien… Ya sabes como son, pero creo irme pronto a casa… todos pensamos lo mismo.

—Cuando yo decía eso, solía llegar a las cinco… No dejes pasar, (el corazón me latía ahora fuerte, me podía la erección que tenía, a ningún otro pensamiento), una noche como esta ahora que eres soltera de nuevo, que estás con amigos que ya conoces y que puede que esto no se repita hasta dentro de otros dos años…

….Si me llegara a gustar mucho, no creo que tardara tanto en repetirse… ¿no crees? —Mañana me cuentas…¿Te la vas a hacer ahora? jaja…—Esperaré a ver como me levanto y lea tu mensaje… Que te lo pases bien… Te quiero… Yo también.

Bea y Alba se habían tomado ya dos copas en el fondo más oscuro de aquel bar musical, y Víctor las había doblado en whiskies, se encontraban todos bailando en medio de un espasmódico sonido dance, ensordecedor e hipnotizante, mientras se miraban y sonreían entre ellos, adivinándose los escotes sudorosos, entreabiertos de sus camisas y blusas, jugando con las luces estroboscopias del local. Cada cual se desabrochaba un botón más, dejándose adivinar entre fugaces flashes de luz, partes prohibidas, para después ocultarlas entre sonrisas mudas y bocas abiertas, en aquel silencio ensordecedor de la música.

¡Vamos al Star Palace!- todos asienten y acaban sus copas, cruzando la pista lo más rápido que pueden, agarrados los tres de las manos, riendo, explotando de júbilo… las copas hacían su trabajo… Yo… daba vueltas en la cama, vueltas entre sueños, sueños que me despertaban para volverme a atrapar en sueños. De camino a ese lugar pasaron por una zona de naves industriales, buscaban una discoteca de las que se encuentran en las afueras… El coche iba a gran velocidad con la música a tope…

… Baja el volumen Bea. Que me estoy volviendo loca. Yo diría que estás borracha y cachonda.

… Borracha y cachonda estás tú… que no haces más que enseñarle el escote a Víctor, que mira que calladito le tienes ahí detrás. …Víctor no te estarás echando una… en mi coche… por lo menos sin que yo lo vea. Jajaja. No… pero creo que se me va a salir del pantalón con esos comentarios. …Espera que yo quiero verlo… a ver si la tienes más grande que mi maridito.

Beatriz, aparca el coche en una zona oscura entre dos enormes naves de metal, apaga las luces y se gira hacia atrás, encendiéndose un cigarrillo que ilumina de rojo todo el interior. Llevaba la camisa tan abierta que se le podía ver a medias el sujetador, y sus ojos, esos enormes ojos negros, parecían que pudiesen ver en la oscuridad más profunda.

Livianamente posó su mano izquierda en el muslo de Alba, dejándolo escurrir hacia su trasero, apretado por la minifalda negra que llevaba. Alba no se había dado cuenta de ello, sólo miraba con la boca entreabierta, como Víctor se abría aún más la camisa, dejando ver un torso blanco, desnudo, liso y moldeado, en el que se apreciaban dos manchas rosadas, como dos conchas sobre fina y blanca arena de playa.

Bea, descubre una gran dentadura blanca al sonreír, y alarga su mano a esas conchas, pellizcando dulcemente primero, hasta conseguir sacar de su letargo a un precioso y varonil pezón, al que acuchilla después, con las uñas largas y rojas de sus dedos, esperando un quejido de su víctima.

Alba posó su mano en el pecho blanco, apartando a Bea… No le hagas daño… pero que bestia que eres.

Pero no pudo separar su mano de ese torso, sorprendentemente caliente, liso, suave y vivo… No pudo dejar de tocar el pezón que había aparecido en esa llanura, esponjoso como goma de borrar y cada vez más duro y arrugado. (Unos segundos… silencio… respiración contenida… ¡Un pensamiento como una luz!)… Voy a apagar al teléfono, (no sea que me llamen ahora…), no me queda mucha batería para el regreso a Madrid.

Al girarse, nota la mano de Vic entre sus piernas, muy arriba, muy adentro, muy caliente. La mira fijamente a los ojos… apaga el teléfono a tientas, lo deja caer al asiento, y observa a su alrededor, al oscuro cielo estrellado, al frío vacío… El vaho cubre los cristales… y se sonríe… relaja las piernas y se sonríe.

Bea mira a Víctor y le dice… esta noche no las vas a olvidar fácilmente… ni a tus amigas casadas… – mientras hunde su dedo índice por debajo del tanga de mi mujer y separa los labios suavemente, moviéndolo de arriba abajo hasta notar como se hincha su clítoris, aflorando hacia fuera como cuando se abre una flor… e introduciéndolo por la cavidad húmeda de su sexo.

A cada momento, Alba sentía un pellizco de placer, en los poros de su piel, en sus pezones enhiestos, en los labios de su boca, en la lengua carnosa que asomaba cada vez más cerca de la de Bea… hasta que se funden ambas en un fuerte y descontrolado abrazo. Víctor no podía dar crédito a lo que veía… esas dos mujeres se estaban desnudando justo delante suyo, y empezaban a lamerse y a penetrarse, con unas ansias que le hacía sentirse un espectador invisible… Se hurga la cremallera y se saca una enorme polla que se asfixiaba ahí dentro… la sentía tan rígida que le iba a estallar, nunca se la había tocado tan gorda y dura. Sorprendido, se acariciaba mientras no dejaba de mirar a Alba lamiéndole los pezones a Bea, con el culo al aire, mostrando un minúsculo tanga abierto al lado derecho, dejando ver un reguero de flujo sobre su pierna, y un precioso coño empapado… Podía apreciar las gotas que pendían de los pelos de su pubis, y como caían sobre el asiento, donde se distinguía una empapada mancha oscura.

Bea se gira y se abalanza sobre la enorme polla de Víctor, la coge con sus dos manos y gime de sorpresa. La engulle entera, hasta los huevos, y empieza a moverse sobre ella, dejando caer hilos de babas de su boca, que pronto le humedecen los huevos, las piernas y el asiento… Son las tres treinta de la madrugada y suena el telf. móvil… me despierto… parece que no me había dormido… suena de nuevo y lo cojo extrañado… aún no sé que es lo que pasa y contesto sin mirar… al otro lado se oyen gemidos… …Cómeme las tetas bonita… así… así… y de nuevo gemidos. Reconozco esas voces, me doy cuenta de que no saben que estoy escuchando… mi mujer le estaba comiendo las tetas a Bea, y lo estaba haciendo bien… Las dos se quejaban…

De pronto otro gemido… masculino… era Víctor… Dios… se me puso la polla como una barra de acero, y no podía articular palabra…

… Cómeme la polla Bea… así cómemela… Alba, cómele el coño… eso es cómeselo… aaaugggghh, métele los dedos… Aaaaggghh, ahora dámelos que pruebe su jugo…

En un momento, Víctor se gira en si mismo y tirando hacia si de Bea, la coloca en la parte de atrás y él con el cuerpo hacia delante, de manera que ahora se come la boca con Alba mientras Bea hace lo mismo con esa enorme polla, dura como la madera… Sus manos eran tenazas que apretaban ansiosas el culo de Alba, las tetas, todo su cuerpo, porque la deseaba con fuerza… Podía ver ahora, en esa posición, como le goteaba del coño, el flujo que había mojado todo, por todos lados…

…Eres una auténtica fuente… una puta fuente… y ponía su mano debajo, la que se mojaba cada vez más, hasta posarla sobre el mismo coño abierto como una granada. Entonces apartó a Alba hacia atrás y sintiendo como Bea le mordía ahora en la polla, se agacha… se agacha… hasta llegar a la palanca de cambios del Clío… Estaba húmeda por aquel baboso rocío que desprendía Alba, y se la metió en la boca, lamiéndola, engulléndola, hasta dejarla mojada del todo.

Por el teléfono podía escuchar a Víctor quejarse de sus torturas, llamando puta a sus fulanas… y como se reía Alba mientras este se comía la palanca del coche, entre quejido y quejido… ¿Qué quieres que me meta eso?… en todo caso me meto tu pollita cabrón… eso te lo metes tú.

(Entonces cae un silencio implacable… Alba gime unos segundos… y un murmullo de fondo que no se entendía, se desprende del auricular del teléfono.) …Está bien… está bien…tu putita se meterá lo que tú quieras… porque… ahora tú… eres… mi dueño… ¿Quién es tu dueño, zorra?…

…Tú… Víctor… tú eres mi dueño… (De nuevo ese murmullo de fondo inaudible… me pegaba el teléfono al oído y le subía el volumen al máximo… debían de estar muy unidos porque no se oía nada, y eso me impacientaba… no sabía qué ocurría…). ¡He dicho que grites… estamos en un coche, a solas… no hay nadie! …así que si te digo que grites… hazlo… zorra… (Mientras sonaban unas palmeadas fuertes, en lo que debían de ser los muslos de mi mujer)… ¡Tú eres mi dueño, tú… no el maricón de mi marido, que no me sabe dominar!, tú mi único dueño… y haré lo que me pidas…

Bea no mordía nada ahora, se había quedado estupefacta, mirando como Víctor había cogido a su amiga con fuerza de los pelos, y le susurraba al oído cosas que no sabía… y como había acabado esta, sumisa total y complaciente. Un hilo de babas le pendía de los labios de su boca, un hilo transparente que colgaba titilante, sosteniendo una enorme gota de baba que se balancea, y caía sobre aquel vástago de entre sus manos.

Alba se coloca de cuclillas, agarrada por su dueño de la cintura, desnuda ahora de falda y medias, con el tanga estirado hasta el límite. De la blusa negra y pegada al cuerpo, sólo quedaba un remolino de tela sobre sus lindas tetas blanquecinas. Dos pelotas blancas, dos menudos pezones rosados, que temblaban, mientras se dejaba caer, lentamente sobre aquella máquina. Con las manos se abría los labios del coño goteante, hasta tocar esa bola en forma de pera aplastada, de goma rugosa y negra, que se mantenía rígida, a pesar de la presión que soportaba. Poco a poco, al son de los quejidos de su dueña, los labios parecían engullir esa pelota deforme, ese extraño pene de piel y caucho, que parecía no querer al principio, para después acceder lentamente, a penetrar esa hembra insistente.

¡Huuummmmmmm!… ¡Oooohhhhhggggg!

(Me destapé de las mantas que me cubrían. Ardía mi cuerpo al escuchar a mi niña gemir como una posesa, estaba atónito y a la vez muerto de celos y excitación. Deseaba ver con mis propios ojos aquello que se me antojaba inefablemente sexual y morboso).

Alba, empezó a gemir más rápidamente, al son de su movimiento, sobre aquella erección mecánica que la poseía completamente, hasta el fondo. Las babas de su coño, caían sobre el embellecedor de cuero y el plástico negro de su base… Parecía que hubiese estado haciéndolo durante años, al verla apoyarse contra el techo, mientras su agitado cuerpo balanceaba las tetas de arriba abajo con violencia.

Bea engullía de nuevo aquella polla descomunal con más vehemencia que nunca. Y masajeaba a su vez ese miembro, con la mano húmeda de líquidos de su boca, y del semen que salía a borbotones, sin avisar, desde lo más profundo de Víctor. Los huevos encogidos, duros… el bramido del hombre, sobre todas las cosas… Un concierto de gemidos, callados por esa exclamación masculina, que vació su ser de fluidos, de voces, de sonidos guturales… de vida… y de movimientos… Respiración entrecortada… jadeos de mujer… el relinchar de los sillones… iiiiinnnkk… iiiiiinnnk… iiiiiinnnkk. El silencio… El silencio… ¿El silencio? Mis ojos, abiertos como platos de postre. Las cejas arriba… y mi boca descolgada.

Se había cortado la comunicación…En ese maldito momento se le había acabado la batería al móvil de Alba… No podía creerlo… ¡Joder! ¡Joder! Me incorporo sobre el cabecero… Boquiabierto… Con la mirada perdida, perdida, en aquella extensión húmeda, que contagiaba las sábanas y mis ropas, de mi ser más personal, íntimo, y lechoso humor blanquecino.